Con el ojo que sólo un buen documentalista podría aportar, esta trama de ficción nos acerca al universo de las familias usamericanas de los suburbios. La protagonista, una Anne Hathaway que logra una interpretación sencilla pero asombrosa, encarna a la hermana de la novia que sale de permiso para la boda de la rehabilitación por adicción a la que se está sometiendo. Ya desde su primera escena su personaje consigue captar toda nuestra atención. Con la naturalidad y poco artificio aparente que supone el rodaje cámara en mano seremos testigos de las diferentes tensiones que van aconteciendo durante el par de días que dura la trama. Jonathan Demme, ya muy lejos del terreno de El silencio de los corderos, nos regala una cinta que suda emoción y tensión dramática. La boda de Rachel, una buena película.
