sábado, 3 de septiembre de 2011

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Grandísima la última película de Pedro Almodóvar. Después de la decepción que supuso su última cinta (comentario subjetivo, pero sentido) el realizador manchego resurge con un film frío y oscuro. Para lograr este tono Almodóvar priva a las interpretaciones de sus actores de cualquier floritura y las mantiene en el terreno de la sutilidad. Incluso el propio guión de la película parece dar pistas sobre la intencionalidad de esta elección (un personaje que no quiere maquillarse, otro disfrazado y pintado que irrumpe abruptamente en la trama con una exagerada actuación, como si en vez de venir del pasado de los personajes viniese de alguna película anterior del director...). En el apartado interpretativo destacan sobre el resto del reparto los dos protagonistas: Antonio Banderas y Elena Anaya. El terreno que pisa Almodóvar en esta cinta nos puede recordar el de trabajos anteriores como La ley del deseo o Matador, pero con la diferencia de que el cine que hace ahora cuida más la atmósfera. En este sentido es esencial el trabajo de fotografía de José Luis Alcaine (precioso, aunque como las interpretaciones, más sutil que en anteriores obras) y la banda sonora de Alberto Iglesias (con un pegadizo e interesante tema principal, aunque algo vacía por huir la película de todo sentimiento). Aunque la cinta no esté contada en primera persona sí que parece, en cierto modo, contagiada de la tibieza moral con la que ve el mundo el personaje de Banderas. Por esto es difícil empatizar con ningún personaje. Y para mí este ha sido el mayor acierto de Almodóvar ya que así nos dejamos llevar por la trama sin tener ninguna idea de dónde nos llevará, ya que no sentimos ninguna necesidad de catarsis. Resumiendo, una buena película de un director que ya tiene muchas y muy variadas buenas películas.