lunes, 10 de marzo de 2008

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Es tan western y lo es a la vez tan poquito que uno no sabe bien cómo definirlo, pero para qué hacerlo cuando sus imágenes dicen mucha más verdad de la que pueda intentar transmitirse mediante el verbo. Alejandro Jodorowsky se tira a la piscina una vez más y tras chapotear con su genialidad casi amateur sale vencedor. Se trata de una película extraña, un discurso simbólico que avanza por unos senderos aún más inhóspitos que los desiertos que atraviesa su protagonista, que son los del alma. El propio director chileno es quien encarna al personaje principal en su larga búsqueda... ¿de qué? De ser un hombre. Lo que no es mucho y es tanto...